Sophia Wallace, la artista que tiene clítoris (pero no solo eso)

Arte - 16/06/2016

La artista Sophia Wallace, que se hizo conocida gracias a su proyecto “Cliteracy”, una oda al clítoris pedagógica y divertida, vuelve con “Over and Over and Over”. A la luz de las letras de neón, esta joven prometedora del arte feminista y queer está decidida a disipar el oscurantismo que todavía pesa alrededor de la sexualidad femenina.

 

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¿El caballito de batalla de la artista neoyorkina? Hacerse la mensajera del conocimiento del cuerpo de la mujer, y más particularmente de su clítoris. Recordemos que recién en 1998 una uróloga estableció la anatomía completa de ese órgano femenino, es decir, veintinueve años después de que el primer hombre haya caminado en la Luna. Y en el imaginario popular, la ignorancia y los tabúes alrededor de una parte del cuerpo compartido por la mitad de la humanidad nunca mueren. Citemos, por ejemplo, la idea de que “se cree en el orgasmo vaginal”, como si se tratara de un mito. Además, a diferencia de los senos, la cola y la imagen de una vagina penetrada, el clítoris, el apéndice más inervado (con unas ocho mil terminaciones nerviosas) del cuerpo humano, está muy poco sexualizado. Sophia se indigna frente a esa realidad: “¡Es como si se representara la sexualidad masculina sin hablar del pene!”.
Desde 2013, Sophia Wallace se dio la misión de combatir el analfabetismo sobre el tema, con su propio proyecto “Cliteracy“(mezcla de “clítoris” y de “literacy”, que significa alfabetización). El proyecto, que rápidamente se volvió viral, mezclaba instalaciones, performances y una línea de ropa. Recordamos sus aspectos más divertidos, como el rodeo sobre un clítoris gigante casi fálico (pero formalmente fiel a la realidad anatómica) y las remeras con la impresión “Solid Gold Clit”.

 

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Como la pedagogía es el arte de la repetición, Wallace llamó a su nueva exposición “Over and Over and Over”. En los muros de la galería Catinca Tabacaru, en Brooklyn, en el Lower East Side, la neoyorkina presenta una serie de punchlines formadas con pequeñas letras de neón coloridas, para iluminar los estereotipos, la culpabilidad y el desconocimiento que todavía hoy pesan sobre la sexualidad femenina en general.
Fotógrafa de formación, la joven artista eligió usar no la imagen sino las palabras para transmitir su discurso. “La historia del arte y nuestra cultura visual están saturadas por la exposición del cuerpo de la mujer. A pesar de esa omnipresencia, la experiencia de vivir en este cuerpo está muy poco representada”, le dijo a la revista Broadly. A través del uso de la palabra, Wallace busca evitar un riesgo inherente a la fotografía: reducir a la mujer a un objeto de deseo. El lenguaje se vuelve un medio de la conciencia de la piel que la mujer habita.
En cuanto a sus inspiraciones, Wallace dialoga tanto con la cultura pop como con referencias a Notorious B.I.G, así como con la espiritualidad, al exponer una frase tomada de un manuscrito gnóstico del siglo I, que afirma que Dios es una mujer a la vez gloriosa y humillada, que reúne toda la complejidad de la feminidad.



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