Sexo, erotismo y mujer-objeto

Arte - 27/09/2015

Explorar nuestra relación cultural con el sexo y con su representación: esto es lo que motiva el trabajo de Samantha Roddick, artista, activista y fundadora del célebre negocio erótico Coco de Mer, que presenta este año su primera exposición de fotos. Está inspirada en Carlo Mollino, arquitecto y diseñador italiano; no en sus realizaciones artísticas sino en las miles de fotos eróticas que se descubrieron cuando murió, en las que invitaba a desconocidas a posar para él. Samantha Roddick y sus modelos recrean las poses de Mollino, encastradas en marcos-altares que se conectan con el tema religioso de la vergüenza sexual, adoptando la mirada del artista solitario sobre el cuerpo femenino como arquetipo erótico, desposeído de humanidad. Nos cuenta su procedimiento.

 

La mayoría de nosotros conocemos a Carlo Mollino a través de sus creaciones de diseño. ¿Qué te llevó a interesarte en esta faceta menos conocida?
Samantha Roddick – Carlo Mollino es un genio de la creación. Me encanta la versatilidad de su talento, pero sobre todo me atrae la omnipresencia de la sexualidad en todo lo que creó. Sus polaroids eróticas son como un guiño a su vida privada, y eso avivó mi curiosidad: ¿por qué él, que era arquitecto, nunca vivió en su propia casa, y eligió quedarse en lo de sus padres hasta su muerte? ¿Por qué nunca tuvo una verdadera relación? ¿Y por qué se sentía solamente cómodo en compañía de prostitutas? Sus clichés dieron lugar a muchas preguntas. Hace veinte años que trabajo alrededor del tema del sexo. Más allá del simple acto físico, me interesa nuestra actitud colectiva frente al acto sexual, y Mollino aporta nueva luz a la vergüenza social relacionada con el sexo, al hecho de estar desconectados emocionalmente y al dolor que sienten muchos hombres cuando son rechazados por mujeres.

 

Tu negocio erótico Coco de Mer es conocido por su promoción positiva del sexo, centrado en el juego y en el placer. En cambio, lo que decís se centra en denunciar algo negativo. ¿Cuál es tu posición en relación con estas dos percepciones?
Lo que digo es el punto culminante de todo lo que aprendí en Coco de Mer. En verdad, también creé Coco de Mer después de una percepción negativa. Veía que la industria sexual era ofensiva, que entrar en un sex-shop tradicional era como ir a un Mcdonald’s para las vaginas; no hay espíritu, no hay seducción. En ese entonces, lo único que se vendía en los sex-shops eran los sex toys inutilizables fabricados a partir de una plástico que uno no usaría ni para un juguete para un perro. No había ningún lugar en el que pudiera comprar productos que reflejaran mi sensualidad, mi vulnerabilidad o mi amor por los objetos bellos. Entonces fundé Coco de Mer, y tuve que crear o encargar la mayoría de los productos que proponíamos.

Con el paso de los años, mi percepción cambió por las muchas conversaciones que fue teniendo con mis clientes sobre sus secretos sexuales, sus temores, sus fracasos y sus deseos. A menudo se piensa que las mujeres son las más vulnerables en el seno de una relación sexual, pero los hombres son igual de frágiles y no tienen espacio social en el que expresar su vulnerabilidad. Cuando descubrí a Carlo Mollino, me pareció que era uno de los mejores ejemplos visuales desde el punto de vista sexual del hombre herido. No quería disminuirlo; después de todo, transformó su herida en genio creativo. Considero a mis obras como una forma de alquimia visual: convierto la vergüenza sexual que emana de las fotos en armonía sexual, por los bordados dorados que rodean las imágenes que representan la conexión, la unión espiritual y emocional en el seno del ciclo de la vida. Tomé su energía negativa para convertirla en positiva.

 

¿Qué te produjo ver a las mujeres desde su punto de vista?
Tenía la sensación de ser una marionetista que hacía jugar a bellas muñecas. Tenía que dirigir a las modelos con mucha precisión, paso a paso, porque las poses no son muy naturales. Era increíble ver cómo las composiciones de Mollino cobraban vida delante de mis ojos. Las modelos eran mis amigas, ver sus cuerpos sublimarse fue una bella experiencia. No se reconocían totalmente en las fotos, pero creo que finalmente hay algo positivo en la objetivación: haciendo que son otra persona, dejándose ir completamente, viven una experiencia inédita de ellas mismas, como cuando uno es chico y se disfraza con la ropa y el maquillaje de su madre. Lo interesante es que a mis modelos les gustó mucho la experiencia, mientras que las de Mollino parece que la pasaron mal. Hay una explicación simple: no es lo que hacés, sino el tipo de energía que movés lo que hace que el ejercicio sea positivo o negativo.



Back to Top ↑