Los instagramadores de viajes: ¿un trabajo de ensueño?

Viajes - 22/07/2016
Cada vez más usuarios de Instagram especializados en la fotografía de viajes se profesionalizan gracias a las oportunidades que ofrece la plataforma. Nos metemos de lleno tras los bastidores de un trabajo que hace soñar.

Paisajes idílicos, road-trips, ciudades exóticas y otros paseos salvajes: Instagram está colmado de imágenes que hacen soñar. Entre el último #OOTD (Outfit of the day) de la bloguera de moda, las selfies de tus amigos y las fotos de café con crema o de hamburguesas presentadas artísticamente, hay muchas posibilidades de que tu página de inicio de Instagram tenga también muchos clichés fantásticos de lagos de montañas estadounidenses, del desierto de Bolivia, de los acantilados noruegos o incluso de bosques de pino bañados en bruma. Con más de 100 millones de publicaciones con el hashtag #Travel (y muchas variantes más, como #Travelgram #InstaTravel, #neverstopexploring, etc., la fotografía de viaje y de aventura es una valor en la red social.

Algunos de sus autores se volvieron, si no estrellas (el franco-camboyano Vutheara ya pasó el millón de seguidores), al menos usuarios capaces de confederar importantes comunidades. A comienzos de junio, media docena de fotógrafos franceses fundaron French Folks, el primer colectivo francés de instagramadores de viaje y de aventura. La mayoría acumula miles y miles de followers. La plataforma para compartir fotografías les permitió profesionalizarse gracias a las oportunidades comerciales que se les van ofreciendo a medida que crece su influencia.


Tal como ocurre con blogueras de moda y otros digital influencers especializados en el lifestyle, la gastronomía, la decoración, la belleza o el deporte, los exploradores 2.0 cada vez atraen a más marcas y empresas deseosas de sacar provecho del aura de sus cuentas. Los actores del mercado de viaje, como las compañías aéreas o las agencias de turismo, son los primeros en interesarse. Estas empresas pueden organizar instatrips, equivalentes a los blogtrips en Instagram, en los que los instagramadores son invitados (los gastos corren por cuenta de la empresa) a visitar un destino a cambio de un número pautado de fotografías del lugar que deberán publicar en sus cuentas personales.

El 5 de junio en el canal M6, la revista Capital siguió a la bloguera e instagramadora Chloé, de “La Penderie de Chloé”, para un programa dedicado a las astucias de viajar gratis. Los periodistas develaban cómo las agencias de turismo trabajan con los blogueros. Pero el hecho de poner en el mismo nivel unos buenos planos con el trabajo de un bloguero suscitó la ira de estos últimos y de varios de sus fans en la twittósfera.

Amazing sunrise yesterday with all this balloons filled the sky ????#rediscovertheworld #lufthansa

A photo posted by Adrien Leyronas | @frenchfolks (@l_adrien) on


Una caricatura alejada de la realidad, cuando uno no conoce la vida cotidiana de los instagramadores profesionales. Entre la preparación del viaje, los clientes a los que hay que captar, las largas horas de shooting y luego de selección entre las muchas imágenes y de minucioso trabajo de edición, un instatrip no está para nada descansado. Mary Quincy, una de las más influyentes de French Folks, recuerda una horrible estadía de cuatro noches en una gran metrópoli de la península arábica: “Mi contrato implicaba que tenía que publicar tres fotos por día, en una ciudad en la que casi no tenía acceso al wi-fi. Casi no tenía tiempo para retocar las fotos. Pasé varias noches en vela. Pero bueno, así es este trabajo. Las condiciones nunca son muy buenas y eso de alguna manera forma parte de la aventura. Siempre hay que estar preparado para encontrarse con dificultades, pero ¡sería demasiado bueno si todo funcionara bien!” Y Adrien, también miembro del colectivo, se lamenta: “Es un poco el problema de Instagram: la gente cree que tenemos una vida de ensueño, pero no ve la cantidad de trabajo que hay detrás.”

¿REHENES DE LOS PATROCINADORES?
Se puede cuestionar legítimamente la libertad creativa de los fotógrafos cuando tienen que rendir cuentas a las empresas y agencias de turismo de los que sus viajes suelen depender. Los miembros de French Folks lo afirman directamente: nunca sacrificarán su estilo para gustarle a un patrocinador. De hecho, se lamentan por la tendencia cada vez más frecuente de que las marcas no estudian su universo antes de proponerles una alianza y que solo se basan en la cantidad de seguidores. Si tenés una marca de moda y le proponés un contrato a un instagramador especializado en paisajes, tenés muchas posibilidades de ofender a este último.

En lo que respecta al servicio de comunicación de Panasonic, que colaboró con French Folks, Nicolas Garnier asegura que quiere apoyar la creatividad de los instagramadores y permitirles continuar con su profesión: “Buscamos primero a personas capaces de comportarse profesionalmente cuando se comprometen con las marcas. Luego, más allá de la cantidad de likes y de followers, buscamos “universos”, jóvenes con una verdadera pasión por viajar.” ¿Un ejemplo de colaboración? La empresa electrónica ofrece a los instagramadores máquinas de foto con las que hacen frente al desafío de capturar los clisés que alimentarán su cuenta personal.

UNA ESTÉTICA “EYE-CANDY”
Todos los miembros de French Folks se declaran fotógrafos antes que instagramadores. Aunque algunos empezaron a dedicarse a la fotografía a través de un Iphone, ahora están equipados con material profesional. La red social funciona como una vidriera que asegura visibilidad a muchos fotógrafos.

El fotógrafo Brice Portolano, especializado en viajes y en documentales, siguió un recorrido clásico antes de aprovechar la oportunidad que constituye Instagram. Analiza el éxito de una foto en la plataforma con una metáfora gastronómica: “Instagram es como un enorme negocio de dulces. El público reacciona más positivamente a lo que se ve catchy. En este momento, la moda son los pequeños personajes en grandes paisajes, en medio de la bruma o en las montañas. Es lo que le permite al usuario evadirse lo que dura un doble tap [O, dicho de otro modo, un like, nota de la revista]. Cuando se escrollea en Instagram, se busca elementos visuales que sean lindos, rápidamente comprensibles y fácilmente legibles. Es bastante superficial.”

Midnight reunion ????????????

A photo posted by Brice Portolano (@briceportolano_) on

Este consumismo visual explica, según él, por qué, cuando quiso producir más contenidos con mensaje tipo documental, no tuvo el éxito esperado en Instagram. Sin embargo, está lejos de acusar a la red social de todos los males: “Claro, incita a la estandarización de los códigos visuales. Pero si no es Instagram, será otra cosa. En la historia de la fotografía, ya sea de viaje o de otra cosa, siempre hubo códigos dominantes.”

Mary Quincy, aunque reconoce que en Instagram hay “cosas que funcionan y cosas que no”, insiste en la importancia de tener su propio estilo, su adn visual identificable para destacarse. Y agrega: “Por ejemplo, yo me distingo por mi uso de la saturación. Me gusta eso y funciona. En cambio, sería incapaz de hacer fotos con cafés. Y sin embargo, ¡está de moda!”

FRANCIA, ¿TODAVÍA REZAGADO?
Aunque los instagramadores representan una bendición para la visibilidad de los actores del turismo, estos últimos todavía no se dan cuenta de todo su potencial. Luc Lagasquie cuenta su decepción cuando quiso trabajar con la oficina de turismo de su ciudad: “Siempre la misma respuesta en Francia: no hay presupuesto. La gente a cargo de la oficina de turismo de Nancy ni siquiera sabe qué es un hashtag. Estaría bueno que comprendieran que se están perdiendo de algo.”
En lo que respecta a Suiza, Vincent Riba, de la oficina de turismo de Verbier, analiza el impacto de esta nueva forma de comunicación: “En términos de followers, nuestra base de datos se cuadruplicó desde que empezamos con los instatrips hace cinco meses. Entonces, sí, hay un impacto online. Pero es difícil medir si se traduce en un aumento de la cantidad de noches de hotel.” Y atenúa respecto del supuesto retraso de las oficinas: “Las oficinas de turismo no terminaron de asir el giro que produjeron las redes sociales. Algunas se quedaron en la comunicación vía los canales clásicos y olvidaron la web. Decir que no comprendieron la web es injusto, pero todavía no la integraron a su estrategia. Estamos en presencia de viejos reflejos de generaciones que no vieron la emergencia de las redes sociales.”

 



Back to Top ↑