Central Saint Martins, la escuela en la que se inventa la moda

Style - 23/03/2016

Por sus aulas pasaron Alexander McQueen, Riccardo Tisci, Phoebe Philopero también PJ Harvey, M.I.A. y Jarvis Cocker. Central Saint Martins, conocida por dejarle mucho lugar a la creatividad, es una de las mejores escuelas de moda, de arte y de diseño del mundo.

En plena fashion week londinense, en el subsuelo de un parking de Soho, iPhones y anotadores están recalentados. Esta noche no asistimos a un desfile ordinario sino a la presentación de las colecciones de fin de año del máster en moda de Central Saint Martins.

La escuela forma parte del calendario de la fashion week de Londres desde 1995. Ahí, Isabella Blow descubrió la colección de un tal Alexander McQueen, y decidió lanzarla. O Björk transformó la carrera de Joe Bates, ex miembro del trío de creadores Sibling, al comprar de una toda su colección de fin de año.

4500 alumnos que vienen del mundo entero

Este año, de cuarenta alumnos del máster, quince diplomados que presentan cada uno unas diez figuras dan entrevistas y reciben encargos de compradores como verdaderos profesionales.

La escuela de arte Central Saint Martins, que nació en 1989, es la fusión de otras dos instituciones más antiguas, la Central School of Art and Design (1896) y la Saint Martins School of Art (1854). Además de unos diez títulos distintos de moda, la escuela propone formaciones en bellas artes, grafismo, música, teatro, toda una panoplia de posibilidades para jóvenes creativos en potencia.

¿Los alumnos? M.I.A., PJ Harvey, Jarvis Cocker (que le dedicó la canción de Pulp Common People), los artistas Laure Prouvost y Gilbert & George, Anita Pallenberg y toda una serie de creadores de moda: McQueen y Galliano, pero también Mary Katrantzou, Gareth Pugh, Phoebe Philo, que en su gran mayoría estudiaron bajo la dirección de Louise Wilson, quien falleció en 2014, profesora “anti-establishment” conocida por sus buenos consejos y sus legendarios enojos.

La escuela, que antes se hallaba cerca de la estación de Charing Cross, se mudó en 2011 para ocupar un enorme edificio con aspecto de fábrica a dos pasos de Saint-Pancras. Allí, estudia una marea de alumnos venida del mundo entero, unos 4500 en total.

 

Manchas de pintura y mariposas termoadhesivas

Una universidad como cualquier otra… si los alumnos no tuvieran un estilo tan característico.Un grupo de chicas sale de un estudio con el rostro moteado por manchas de pintura. Una morocha divina con tacos de 12 cm atraviesa el hall con un paso firme, ah, no, esperá, es un hombre.

A la vuelta de un pasillo, un saco de sport es decorado con mariposas termoadhesivas, una camisa con chorrera sobresale por debajo de un saco de terciopelo y un estudiante, arrastrando un colchón en donde hay dibujada una toallita femenina manchada con rojo, grita a quien quiera escucharlo que él no es el autor de este “arte de mujer blanca feminista”.

Detrás del vidrio atravesado por la luz grisácea londinense, nos cruzamos con Colombe, en segundo año de joyería. Vino de Francia en busca de un curso de joyería que no estuviera centrado en la técnica; CSM la sedujo: “Solo tengo dos clases de técnica por mes, lo que en joyería es bastante poco. El resto del tiempo nos dejan libres.” Su curso es frecuentado por personas más grandes de ese medio, que ya tienen experiencia pero que fueron a Saint Martins para perfeccionar su arte.

Colombe, estudiante en joyería © Elliot Kennedy para Les Inrockuptibles

 

“Se  trata de desarrollar vos mismo lo que podés hacer”

Pauline, de Ginebra,hizo el Foundation Course, el sueño de todo creativo indeciso: un año –gratuito si tenés menos de 19 años– en el que el estudiante prueba todos los cursos de la escuela y pasa concursos para las selecciones que más le gustan a fin de año. Pauline, que fue aceptada en joyería, terminó en moda, aunque nunca había hecho eso antes.

“Las personas son aceptadas porque son muy creativas, no necesariamente porque saben hacer ropa.”Acaba de entregar un proyecto para el que no durmió: entregó su trabajo, su primera camisa, tras pasar toda la noche despierta en la biblioteca (que está abierta las 24 h). “Tenemos una semana de recorte de patrones a principio de año, y eso es todo. Después, te las tenés que arreglar.”

Para Christopher Shannon, creador de moda de hombre recibido en 2008, el foco puesto en la creatividad es antes que nada la fuerza de la formación en Saint Martins. “Yo era bastante malo en la técnica, recuerda en su estudio londinense. Si sabés que sos creativo, te las vas a arreglar. En cambio, al revés no siempre funciona. Saint Martins es un buen lugar sobre todo para los creativos.”

La influencia de los profesores es mínima, con tutorías organizadas una o dos veces por semana. “No es un sistema convencional, no hay realmente cursos, cuenta Maia Bergman, otra creadora de moda que se recibió en 2015.Se trata de desarrollar vos mismo lo que podés hacer.”

 

“Tenés que aprender solo, y es un poco desconcertante”

La generación 2016 describe el desarrollo de los cursos como “libre e independiente”, “completamente autogestionado”según Fredrik, compañero noruego de Pauline. “Tenés que hacer vos mismo las preguntas.” Y eso desestabilizó a algunos: “Al principio, estaba perdido,cuenta Jean-Louis, en segundo año de moda. Tenés que aprender todo solo, y es un poco desconcertante.”

En la escuela hay un restaurant –además de una cafetería–, un bar, un negocio de material artístico, un food-truck y mesas de ping-pong. Es evidente: esta escuela tiene dinero. Así que no nos sorprendemos cuando nos enteramos de que un año de estudio cuesta 9000 libras (unos 11500 euros), y va hasta 15000 (19000 euros) para un estudiante internacional.

La supresión de becas de estudio por parte del gobierno de Cameron hace las cosas más difíciles. “No tengo dinero para vivir en Londres,cuenta Jake, en primer año de comunicación de moda, entonces vuelvo todas las noches a lo de mis papás, tengo cero vida social.”

 Jake y Chris (comunicación de moda) © Elliot Kennedy para Les Inrockuptibles

La importancia de los “jokers”

Los estudiantes multiplican los pequeños laburos: Taddeo, que estudia para curaduría y crítica de arte, tiene alojamiento a cambio de traducciones literarias. Alice, en segundo año de bellas artes, pinta, realiza clips de música y participa en performances artísticas. Chris, en comunicación de moda, asiste a un fotógrafo.

“Todo el mundo hace cosas por su cuenta,dice el belga, que prefirió la escuela londinense a la prestigiosa Academia de Anvers. Algunos trabajan para marcas, otros asisten a estilistas. Desde que formás parte de CSM, ves las consecuencias.”

¿Cómo considerar de la misma manera a la escuela que recibió a John Galliano sin un peso en los años 1980 y a la fábrica de creativos actual que exige padres generosos o un endeudamiento por muchos años?

En el tercer piso del edificio, todo el mundo trabaja en el estudio del master de moda (estamos a una semana de la entrega de colecciones de fin de año y a diez días del famoso desfile). En la oficina donde se recibe a los alumnos para las tutorías, Fabio Piras, sucesor de Louise Wilson en el puesto de director del master, insiste en la importancia de los “jokers”, esos alumnos que se destacan en las selecciones, pero sin buenos ingresos. “No podemos perder esas posibilidades por una situación económica. Les decimos: ‘Vengan primero y después veremos’.”

 

“La industria tiene que invertir en el porvenir de los estudiantes”

El master de moda ofrece becas de estudio financiadas por sponsors, a veces incluso por ex alumnos de la escuela, como Stella McCartney o Christopher Kane. “Las becas de estudio tienen que ser más dinámicas, más que un simple mecenazgo,dice Fabio Piras. Intento implicar a los donantes lo más posible, hacerlos venir y participar en la elección de los becarios. La industria tiene que invertir en el porvenir de los estudiantes.”

Alice, a quien encontramos en su estudio en planta baja, concluye: “Comprendí por qué la escuela es tan cara: todo es posible en Saint Martins.” Los alumnos elogian la dirección de los técnicos, de los profesionales relacionados con los impresionantes talleres de cada disciplina. Trabajo con madera, fundición de cera, recorte de patrones… “Si querés hacer un enorme tótem de madera esculpida, podés.”

Alice (Bellas Artes) en su estudio © Elliot Kennedy para Les Inrockuptibles

Una total libertad creadora con una enseñanza regulada por las técnicas más avanzadas. Y en la que se evitan las catástrofes: “En joyería, hay muchas cosas muy peligrosas, cuenta Colombe. Todos estamos trabajando con nuestros sopletes a un metro del de al lado. Mi horno está a 1200 grados, el otro día explotó y lanzó trozos de vidrio a todos lados. ¡Los técnicos llegaron corriendo!”

Por Fleur Burlet



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back to Top ↑